La incertidumbre internacional está generando nuevos desafíos para la artesanía peruana. Diversificar mercados, profesionalizar la gestión y fortalecer la propuesta de valor serán claves para sostener su crecimiento.
La artesanía peruana atraviesa un momento que exige atención, pero también una mirada estratégica.
Una reciente información difundida por El Comercio, a partir de declaraciones de la Asociación de Exportadores (ADEX), advierte sobre los retos que enfrenta el sector en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, cambios comerciales y mayor cautela de los compradores.
Según ADEX, durante enero de 2026 las exportaciones peruanas de artesanía alcanzaron US$2,169 millones, registrando una disminución de 11% frente a los US$2,436 millones del mismo mes de 2025. Estados Unidos concentró el 64,4% de los envíos de enero, aunque también registró una contracción de 9,2%.
Estos datos deben llamarnos la atención.
Pero más que interpretar una caída mensual como un problema aislado, considero que debemos preguntarnos qué podemos hacer para que la artesanía peruana sea menos vulnerable a los cambios de un determinado mercado.
Diversificar no significa solamente buscar nuevos países
Durante los últimos años se ha hablado de la necesidad de diversificar los destinos de la artesanía peruana. Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía habían sido identificados como mercados con potencial; sin embargo, la situación geopolítica en Medio Oriente obliga ahora a actuar con mayor cautela.
Esto demuestra algo importante: ningún mercado está completamente aislado de los acontecimientos internacionales.
Por eso, diversificar no debería significar simplemente cambiar un país por otro. También implica desarrollar una oferta capaz de responder a diferentes segmentos de consumidores, canales y necesidades.
Europa, Norteamérica, Asia y otros mercados pueden representar oportunidades, pero cada uno requiere comprender sus preferencias, estándares, canales de comercialización y comportamiento de compra.
El consumidor también cambia cuando existe incertidumbre
En momentos de incertidumbre económica o política, los consumidores tienden a priorizar productos esenciales y pueden postergar compras relacionadas con decoración, regalos y otros bienes considerados no indispensables. Esta situación puede afectar directamente a buena parte de la oferta artesanal.
Por ello, el sector necesita algo más que buenos productos.
Necesita conocer mejor al consumidor y anticiparse a sus cambios.
Esto implica analizar tendencias, identificar nuevos nichos, trabajar colecciones con anticipación, adaptar diseños y formatos, mejorar la comunicación y desarrollar propuestas capaces de justificar su valor.
La artesanía peruana tiene potencial, pero necesita evolucionar
Hay un dato que considero especialmente importante.
ADEX estima que las ventas internas y las exportaciones de artesanía peruana se aproximan a US$450 millones, mientras que México, con un patrimonio artesanal comparable, alcanza aproximadamente US$10 mil millones. Desde esta perspectiva, existe un amplio espacio para crecer y alcanzar, potencialmente, los US$1.000 millones.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente “¿cómo exportamos más?”, sino:
¿Cómo conseguimos que la artesanía peruana genere mucho más valor?
Y aquí entran factores como el diseño, la innovación, la calidad, la marca, la comercialización, el conocimiento de mercados y la capacidad empresarial.
Ya no podemos hablar solamente de artesanos tradicionales
El sector artesanal está cambiando.
Hoy existen talleres y empresas que trabajan junto a diseñadores, arquitectos, ingenieros, especialistas en marketing y otros profesionales. Esta articulación puede ayudar a desarrollar productos más competitivos sin necesariamente perder la identidad artesanal.
Desde mi perspectiva, este es uno de los caminos que debemos fortalecer.
Modernizar la artesanía no significa industrializarla ni eliminar su identidad.
Significa incorporar conocimiento y herramientas que permitan mejorar aquello que ya sabemos hacer.
Una técnica tradicional puede mantenerse intacta y, al mismo tiempo, podemos mejorar su diseño, presentación, empaque, fotografía, comunicación, comercialización o estrategia de posicionamiento.
El mercado internacional exige anticipación
Otro aspecto que merece especial atención es el tiempo.
De acuerdo con ADEX, los pedidos internacionales pueden trabajarse con seis a ocho meses de anticipación. Esto significa que los cambios que observamos hoy pueden terminar afectando campañas comerciales que fueron planificadas muchos meses atrás.
Para los artesanos y empresas del sector, esto hace indispensable contar con una planificación comercial de mediano y largo plazo.
No podemos esperar a que aparezca un comprador para comenzar a pensar qué producir.
Necesitamos anticiparnos.
¿Qué podemos hacer?
Considero que existen algunas líneas de trabajo fundamentales:
1. Diversificar mercados.
Reducir la dependencia de un solo destino y explorar nuevos países y segmentos.
2. Conocer mejor al consumidor.
No producir únicamente desde lo que sabemos hacer, sino entender qué está buscando el mercado.
3. Fortalecer el diseño.
Combinar identidad artesanal con funcionalidad, tendencias y nuevas aplicaciones.
4. Mejorar la gestión comercial.
Profesionalizar la negociación, presentación, seguimiento de clientes y construcción de relaciones comerciales.
5. Construir marcas.
Una pieza artesanal puede tener un gran valor, pero una marca bien construida puede ayudar a comunicarlo y posicionarlo.
6. Utilizar herramientas digitales.
La presencia digital, el comercio electrónico, las redes sociales y las nuevas herramientas de inteligencia artificial pueden contribuir a ampliar la visibilidad y mejorar determinados procesos.
7. Trabajar de manera articulada.
Artesanos, organizaciones, diseñadores, empresas, instituciones públicas y especialistas pueden generar mejores resultados cuando trabajan de manera coordinada.
El desafío es convertir la incertidumbre en una oportunidad
La coyuntura internacional no está bajo nuestro control.
Lo que sí podemos controlar es qué tan preparados estamos para responder a ella.
La artesanía peruana posee identidad, diversidad, conocimiento ancestral y una enorme capacidad creativa. Pero necesitamos seguir construyendo capacidades para que ese patrimonio también pueda convertirse en mayores ingresos, mejores oportunidades y mercados sostenibles para nuestros artesanos.
La caída registrada en enero debe servirnos como una señal para reflexionar, no necesariamente como motivo para detenernos.
La artesanía peruana necesita mirar hacia afuera, pero también necesita transformarse desde adentro.
Diversificar, innovar, profesionalizar y conocer mejor los mercados no significa dejar atrás nuestra identidad.
Significa prepararnos para que el mundo valore cada vez más lo que hacemos.




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